Libro XI · Capítulo 3
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
5. Oiga yo y entienda cómo en el principio hicisteis Vos el cielo y la tierra (Gen., 1, 1). Esto escribió Moisés; lo escribió y se fue; pasó de aquí, de Vos a Vos; y ahora no está delante de mí. Porque si lo estuviera, le asiría yo y le preguntaría, y por Vos le suplicaría, que me declarase estas cosas; y prestaría los oídos de mi cuerpo a los sonidos que brotasen de su boca; y si hablase en lengua hebrea, en vano pulsaría mi sentido, y nada pasaría de ellos a tocar mi inteligencia; mas si hablase en latín, entendería lo que dijese. Pero ¿cómo sabría yo si decía verdad? Y supuesto que lo supiese, ¿acaso lo sabría por él? Dentro de mí, ciertamente, en la morada interior del pensamiento, la Verdad, que no es hebrea, ni griega, ni latina, ni bárbara, sería la que, sin órganos de boca y lengua, sin estrépito de sílabas, me diría: «¡Dice verdad!»; y yo al instante cerciorado, diría confiadamente a aquel hombre vuestro: «¡Dices verdad!».
Pues como a él no puedo preguntarle, os pregunto a Vos, oh Verdad, de la cual lleno dijo Moisés cosas verdaderas: a Vos, Dios mío, os ruego: Perdonad mis pecados, y Vos mismo, que concedisteis a aquel siervo vuestro decir estas cosas, concededme también a mí el entenderlas.
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