Santos Apóstoles · Kindle

Libro XI · Capítulo 18

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

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24. Comoquiera, pues, que suceda el secreto presentimiento de los futuros, no puede ser visto sino lo que es. Y lo que ya es, no es futuro, sino presente. Luego cuando se dice que se ven las cosas futuras, no se ven ellas mismas, que todavía no son, esto es, las que son futuras, sino tal vez sus causas o señales, que ya existen; y, por tanto, no son cosas futuras, sino ya presentes a los que las ven, y de ellas forma conceptos el alma y predice las cosas futuras. Y estos conceptos a su vez existen ya en el alma, y los ven presentes dentro de sí los que aquellas cosas predicen.

Tanta muchedumbre de cosas bríndenme algún ejemplo. Veo la aurora: predigo que el sol va a salir. Lo que veo está presente; lo que predigo, futuro; no es futuro el sol, que ya existe, sino su salida. Sin embargo, su misma salida, si no la imaginara en el alma como ahora cuando lo digo, no podría predecirla. Pero ni aquella aurora que veo en el cielo es la salida del sol, aunque la preceda, ni tampoco lo es aquella imagen que está en mi alma, sino las dos cosas se ven presentes para predecirse aquella futura. Luego las cosas futuras todavía no existen; y si no existen, no son; y si no son, de ninguna manera pueden ser vistas; pero pueden predecirse por medio de otras presentes que ya existen y se ven.

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