Santos Apóstoles · Kindle

Libro XI · Capítulo 23

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 3

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30. Yo deseo saber la esencia, la naturaleza del tiempo con que medimos los movimientos de los cuerpos, y decimos que aquel movimiento, verbigracia, es dos veces más duradero que éste. Porque pregunto: dado que se llama un día no solamente el tiempo que está el sol sobre el horizonte –según lo cual una cosa es el día y otra la noche–, sino también el que tarda en toda la vuelta del oriente hasta el oriente –y en este sentido decimos: «Tantos días» han pasado, pues con sus noches se computan «tantos días», sin descontar los espacios de las noches–, dado, pues, que el día se completa con el movimiento del sol y su recorrido de oriente a oriente, pregunto si el día es el mismo movimiento del sol, o la misma duración en que se completa, o ambas cosas.

Si fuese lo primero, sería, por consiguiente, también un día, aunque el sol hiciese aquel recorrido en un espacio de tiempo igual al de una hora.

Si lo segundo, no sería un día si desde una salida del sol hasta la otra hubiese una duración tan breve como de una hora, sino que el sol tendría que dar veinticuatro vueltas para completar un día.

Sin lo uno y lo otro, ni podría llamarse un día, si el sol en el espacio de una hora hiciese todo su recorrido, ni si, parándose el sol, transcurriese tanto tiempo cuanto el sol, de una mañana a otra, suele emplear en toda su carrera.

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