Libro XI · Capítulo 29
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 1
39. Pero como es mejor vuestra misericordia que las vidas, he aquí que mi vida es distensión; y me recogió vuestra diestra (Ps., 62, 4, 9) en mi Señor, el Hijo del hombre, mediador entre Vos –el Uno– y nosotros –los muchos, en muchas cosas y por muchas cosas divididos–, a fin de que por Él alcance aquello para lo cual yo a mi vez fui alcanzado (Filip., 3, 12), y me recoja de mis días antiguos siguiendo al Uno: olvidando las cosas pasadas, no en pos de las que son futuras y transitorias, sino a lo que está por delante (l. c.); no distendido, sino extendido; no con distensión, sino con fija intuición, sigo tras la palma de la soberana vocación (l. c.), donde oiga la voz de alabanza (Ps., 25, 7) y contemple vuestro deleite (Ps., 26, 4), que ni viene ni pasa.
Mas ahora mis años son en gemidos (Ps. 30, 11). y Vos, consuelo mío, Padre mío, sois eterno; mas yo he caído en tiempos, cuyo orden desconozco, y con tumultuosas variedades se desgarran mis pensamientos, las íntimas entrañas de mi alma, hasta que venga a fundirme en Vos, purificado y derretido con el fuego de vuestro amor.
Siguiente capítuloCapítulo anteriorÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.