Santos Apóstoles · Kindle

Libro XII · Capítulo 6

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

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6. Mas yo, Señor, si con mi boca y con mi pluma os he de confesar todo cuanto en esta materia me habéis enseñado, yo antes, al oír su nombre y no entenderlo por las explicaciones de los que tampoco lo entendían, me la representaba con innumerables y variadas formas, y, por tanto, no me la representaba. Feas y horribles formas en tumultuoso desorden revolvían mi espíritu, pero formas al cabo; y llamaba informe, no a lo que carecía de forma, sino a lo que tenía tal, que si se dejase ver, mi sentido la rechazara por insólita e incongruente, y se conturba mi flaqueza de hombre. Pero, en realidad, lo que yo me representaba era informe, no por privación de toda forma, sino por comparación con formas más hermosas; y la verdadera razón aconsejaba que, si quería representarme una cosa totalmente informe, la despojase de cualesquiera reliquias de toda forma; y no podía, porque más fácil me era pensar que lo que estaba privado de toda forma era nada, que representarme un ser entre la forma y la nada, que ni fuese formado ni fuese nada, sino informe y casi nada.

Y cesó mi mente de interrogar sobre esto a mi espíritu, lleno de imágenes de formas corpóreas que a su arbitrio mudaba y variaba. Y fijé la atención en los mismos cuerpos y examiné más a fondo su mutabilidad, con que dejan de ser lo que habían sido y empiezan a ser lo que no eran; y sospeché que el paso mismo de forma a forma se efectúa mediante algo informe, no mediante la pura nada. Pero yo deseaba saber, no sospechar.

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