Santos Apóstoles · Kindle

Libro XII · Capítulo 11

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 3

Letra pequeñaMedianaGrande

12. También me dijisteis con voz poderosa al oído interior, que ni aun aquella criatura es coeterna con Vos, cuyo deleite sois sólo Vos, y gozándoos en castidad perseverantísíma, en ningún lugar ni tiempo experimenta su mutabilidad; y estándole siempre presente Vos, a quien ella con el afecto está asida, no teniendo futuro que esperar, ni transmitiendo al pasado objetos que recordar, no varía con ninguna vicisitud, ni se distiende a diversos tiempos. ¡Oh dichosa criatura –si alguna hay así–, por estar adherida a vuestra bienaventuranza; dichosa en teneros a Vos por su eterno morador e iluminador! No encuentro cosa que con más gusto juzgue se ha de llamar cielo del cielo para el Señor que vuestra misma casa, que contempla vuestra suavidad (Ps., 26, 4) sin ningún desfallecimiento por salir a otra cosa: inteligencia pura, concordísimamente unida con el vínculo de la paz de los santos espíritus, ciudadanos de vuestra ciudad, en aquellos cielos que están sobre esos cielos.

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