Libro XII · Capítulo 15
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 3 de 5
20. Pues si bien antes de ella no hallamos tiempo, porque primero que todas las cosas fue creada la sabiduría (Eccli., 1, 4), no ciertamente aquella Sabiduría enteramente coeterna e igual a Vos, nuestro Dios, su Padre, y por la cual fueron creadas todas las cosas, y que es Principio en el cual hicisteis el cielo y la tierra, sino precisamente la sabiduría que fue creada es, a saber, la naturaleza intelectual que por la contemplación de la Luz es luz, puesto que ella también, aunque creada, se llama sabiduría. Sino que, cuanta diferencia hay entre la Luz que ilumina y la que es iluminada, tanta hay entre la Sabiduría que crea y ésta que es creada; como entre la Justicia justificante y la justicia que en la justificación ha sido hecha. Porque también nosotros hemos sido llamados justicia vuestra, pues dice así uno de vuestros siervos: A fin de que nosotros seamos justicia de Dios en Él (en Cristo) (2 Cor., 5, 21), primero, pues, que todas las cosas fue creada una cierta sabiduría, la que es creada, la mente racional e intelectual de vuestra casta ciudad, madre nuestra, que es de arriba y es libre (Gal., 4, 26) y eterna en los cielos: ¿en qué cielos, sino en los cielos de los cielos que os alaban? (Ps., 148, 4). Porque esto es también: Los cielos de los cielos para el Señor. Si bien antes de ella no hallamos tiempo, por cuanto la que primero que todas las cosas fue creada, precede aun a la creación del tiempo; antes de ella, sin embargo, existe la eternidad del mismo Creador, hecha por el cual tuvo principio, aunque no de tiempo, pues aún no existía el tiempo, pero sí de su propia creación.
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