Santos Apóstoles · Kindle

Libro XII · Capítulo 21

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

30. Asimismo, por lo que atañe al sentido de las palabras siguientes, de todas aquellas verdades (c. 19), una toma para sí el que dice: Pero la tierra era invisible e incompuesta, y las tinieblas estaban sobre el abismo; esto es: aquello corpóreo que hizo Dios era la materia de las cosas corpóreas, todavía informe, sin orden, sin luz.

Otro, el que dice: Pero la tierra era invisible e incompuesta, y las tinieblas estaban sobre el abismo; esto es: este todo que se ha denominado cielo y tierra era la materia todavía informe y tenebrosa, de la cual se habían de hacer el cielo corpóreo y la tierra corpórea, con todos los seres que en ellos hay, conocidos por los sentidos del cuerpo.

Otro, el que dice: Pero la tierra era invisible e incompuesta, y las tinieblas estaban sobre el abismo; esto es: este todo que se ha denominado cielo y tierra era la materia todavía informe y tenebrosa, de la cual se había de hacer el cielo inteligible –que en otro lugar se llama cielo del cielo– y la tierra, es decir, toda la naturaleza corpórea, bajo cuyo nombre se ha de entender también el cielo corpóreo; esto es: de ella se había de hacer toda la creación invisible y visible.

Otro, el que dice: Pero la tierra era invisible e incompuesta, y las tinieblas estaban sobre el abismo; esto es: con los nombres de cielo y tierra no designó la Escritura aquella informidad; sino que ya existía –dice– la dicha informidad, que denominó tierra invisible e incompuesta y abismo tenebroso, de la cual había dicho antes que hizo Dios el cielo y la tierra, es, a saber: la creación espiritual y la corporal.

Capítulo anterior

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.