Libro XII · Capítulo 25
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 3
34. Ninguno me sea ya molesto diciéndome: «No entendió Moisés eso que tú dices, sino esto que yo digo». Porque si me dijera: «¿De dónde sabes tú que Moisés entendió aquellas palabras suyas en el sentido que tú dices?», debería yo llevarlo con ecuanimidad y respondería tal vez lo que arriba he respondido, o con alguna mayor amplitud si el tal fuese algo duro de convencer. Pero cuando dice: «No sintió Moisés eso que tú dices, sino esto que digo yo», y, sin embargo, no niega que las cosas que uno y otro decimos son ambas verdaderas. ¡Oh Vida de los pobres, Dios mío, en cuyo seno no hay contradicción!, lloved sobre mi corazón amansamientos para que soporte con paciencia a los tales, que no me dicen esto porque sean adivinos y hayan leído en el corazón de vuestro siervo lo que dicen, sino porque son soberbios; ni han conocido el pensamiento de Moisés, sino que aman el suyo propio, no porque sea verdadero, sino porque es suyo. De otra suerte amarían también cualquier otro pensamiento igualmente verdadero; como amo yo lo que ellos dicen, no porque es de ellos, sino porque es verdadero, y, por tanto, no es ya de ellos, puesto que es verdadero. Pero si lo aman porque es verdadero, ya es tanto de ellos como mío, porque pertenece en común a todos los amadores de la verdad.
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