Libro XII · Capítulo 29
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 1 de 3
40. Mas Aquél que no interpreta: En el principio hizo..., sino como si dijese: Primeramente hizo..., no tiene manera de entender con verdad el cielo y la tierra, sino entendiendo «la materia [informe] del cielo y la tierra»; esto es, de toda la creación, a saber, de la inteligible y de la corpórea. Porque si la quiere entender ya toda «formada», con razón se le podrá preguntar: Si esto es «lo primero» que hizo Dios, ¿qué es lo que hizo después?, y una vez hecho el universo, no hallará nada que decir; y, por tanto, oirá de mala gana que le digan: ¿Cómo fue aquello «lo primero», si nada hizo «después»?
Mas cuando dice que «primeramente» hizo la materia informe, y «después» le dio forma, no dice nada absurdo, con tal que sea capaz de discernir qué es lo que «precede» por eternidad, qué por tiempo, qué por intención, qué por origen. Por eternidad, como Dios a todas las cosas; por tiempo, como la flor al fruto; por intención, como el fruto a la flor; por origen, como el sonido al canto. De estas cuatro «precedencias», la primera y la última que he mencionado muy difícilmente se entienden: las dos de en medio, muy fácilmente.
Porque rara visión es y ardua en demasía contemplar, Señor, vuestra eternidad, que inmutablemente produce las cosas mudables, y por eso es «primero» que ellas.
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