Santos Apóstoles · Kindle

Libro XIII · Capítulo 13

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

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14. Y, sin embargo, todavía lo somos por fe, no por visión (2 Cor., 5, 7). Porque en esperanza somos salvos; mas la esperanza que se ve no es esperanza (Rom., 8, 24). Todavía el abismo llama al abismo, pero ya es con la voz de vuestras cataratas. Todavía aún Aquél que dice: No puedo hablaros como a espirituales, sino como a carnales (1 Cor., 3, 1); aun él mismo no cree haberlo todavía alcanzado; mas olvidando lo que queda atrás, se lanza a lo que está por delante (Filip., 3, 13), y gime agobiado (2 Cor., 5, 4), y su alma tiene sed del Dios vivo, como el ciervo de la fuente de las aguas, y dice: ¿Cuándo vendré? (Ps., 41, 2, 3), deseando sobrevestirse de su morada celestial (2 Cor., 5, 2). Y da voces al abismo inferior, diciendo: No os configuréis a semejanza de este siglo, antes reformaos por la renovación de vuestra mente (Rom., 12, 2); y: No seáis niños en el juicio, sino párvulos en malicia, pero en el juicio, hombres maduros; y: ¡Oh insensatos Gálatas!, ¿quién os fascinó? Pero [clama] no ya con su voz, sino con la vuestra, que enviasteis vuestro Espíritu desde las alturas (Sab., 9, 17) por Aquél que subió a lo alto, y abrió las cataratas de sus dones, para que las avenidas del río alegrasen vuestra ciudad (Ps., 45, 5).

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