Libro XIII · Capítulo 13
Las confesiones · San Agustín de Hipona
Tramo 2 de 2
Por Él suspira el amigo del Esposo (Jn., 3, 29), teniendo ya en Él Las primicias del espíritu; pero gimiendo todavía dentro de sí, esperando la adopción, la redención de su cuerpo (Rom., 8, 23). Por Él suspira, porque es miembro de la esposa; y por Él cela, porque es amigo del Esposo; por Él cela, no por sí mismo; porque con la voz de vuestras cataratas, no con la suya propia, clama al otro abismo, por el cual cela, y teme no sea que, así coma la serpiente engañó a Eva, así también ellos, corrompidos sus sentidos, degeneren de la castidad que hay en nuestro Esposo, vuestro Unigénito (2 Cor., 11, 3). Que es aquella luz de visión cuando le viéremos tal como es (1 Jn., 3, 2, y hubieren pasado las lágrimas que han venido a ser mi pan de día y de noche, mientras me dicen cada día: ¿Dónde está tu Dios?
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