Santos Apóstoles · Kindle

Libro XIII · Capítulo 25

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 2 de 2

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Decíamos, pues, que estos frutos de la tierra significaban y figuraban en alegoría las obras de misericordia que en las necesidades de la vida nos ofrece la tierra fructífera (Vid. § 21). Una tierra así era el piadoso Onesíforo, con cuya casa hicisteis misericordia, porque él frecuentemente ofreció alivio a vuestro Pablo y no se avergonzó de su cadena (2 Tim., 1, 16). Esto hicieron también, y con igual fruto fructificaron, los hermanos que, viniendo de Macedonia, suplieron lo que a Pablo le faltaba (2 Cor., 11, 3). ¡Cómo se duele él, en cambio, de ciertos árboles que no le dieron el fruto que le debían, donde dice: En mi primera defensa nadie me patrocinó, antes todos me desampararon: que no se les tome en cuenta (2 Tim., 4, 16). Porque estos frutos son debidos a los que ministran la doctrina racional mediante las inteligencias de los divinos misterios: y así les son debidos como a hombres (Vid. § 37). Además, les son debidos como a alma viviente, por cuanto se nos ofrecen para ser imitados en toda continencia (§ 32). Asimismo les son debidos como a volátiles por sus bendiciones, que se multiplican sobre la tierra (§ 36); porque a toda la tierra llegó el sonido de su palabra (Ps., 18, 5).

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