Santos Apóstoles · Kindle

Libro XIII · Capítulo 31

Las confesiones · San Agustín de Hipona

Tramo 1 de 2

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46. Mas aquellos que por vuestro Espíritu las ven, Vos las veis en ellos. Por consiguiente, cuando ellos ven que son buenas, Vos veis que son buenas; y cualesquiera de ellas que por Vos les agradan, Vos os agradáis en ellas; y las que por el Espíritu vuestro nos agradan, a Vos agradan en nosotros. Porque ¿quién de los hombres conoce las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así también las cosas de Dios nadie las conoce sino el Espíritu de Dios. Mas nosotros, dice, no hemos recibido el espíritu de este mundo, sino el espíritu que viene de Dios, para que conozcamos las cosas que Dios graciosamente nos dio (1 Cor., 2, 10-12). Y soy amonestado a decir: Ciertamente, ninguno sabe las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios; ¿cómo, pues, sabemos también nosotros las cosas que Dios graciosamente nos dio? Se me responde que las cosas que por su Espíritu sabemos, aun así ninguno las sabe sino el Espíritu de Dios. Porque así como a los que habían de hablar por el Espíritu de Dios se dijo rectamente: No sois vosotros los que habláis (Mt., 10, 20), así también a los que conocen las cosas por el Espíritu de Dios, rectamente se dice: No sois vosotros los que sabéis. Y, por tanto, a los que ven en el Espíritu de Dios, no menos rectamente se dice: No sois vosotros los que veis; así, todo cuanto en el Espíritu de Dios ven que es bueno, no ellos, sino Dios ve que es bueno.

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