Santos Apóstoles · Kindle

Libro I · Capítulo 20

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Del amor a la soledad y al silencio

Tramo 2 de 3

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Por lo cual es utilísimo a muchos que no les falten del todo tentaciones y que sean muchas veces combatidos, porque no se aseguren demasiado de sí mismos, por que no se levanten con soberbia, ni tampoco se entreguen demasiadamente a los consuelos exteriores.

¡Oh, quién nunca buscase alegría transitoria! ¡Oh, quién nunca se ocupase en el mundo, y cuán buena conciencia guardaría!

¡Oh, quién quitara de sí todo vano cuidado y pensase solamente en cosas saludables y divinas, y pusiese toda su esperanza en Dios, cuánta paz y sosiego poseería!

[5] Ninguno es digno de la consolación celestial si no se ejercitase con diligencia en la santa contrición.

Si quieres arrepentirte de corazón, entra en tu retiro y destierra de ti todo bullicio del mundo, según está escrito: «Contristaos en vuestros aposentos» (Sal 4,5). En la celda hallarás lo que perderás muchas veces por de fuera.

El retiro usado se hace dulce, y el poco usado causa hastío. Si al principio de tu conversión lo frecuentares y guardares bien, te será después dulce amigo y agradable consuelo.

[6] En el silencio y sosiego aprovecha el alma devota y aprende los secretos de las Escrituras.

Allí halla arroyos de lágrimas con que lavarse y purificarse todas las noches, para hacerse tanto más familiar a su Hacedor cuanto más se desviare del tumulto del siglo.

Y así, el que se aparta de sus amigos y conocidos, estará más cerca de Dios y de sus santos ángeles.

Mejor es esconderse y cuidar de sí, que con descuido propio hacer milagros.

Muy loable es al hombre religioso salir fuera pocas veces, huir de que lo vean y no querer ver a los hombres.

[7] ¿Para qué quieres ver lo que no te conviene tener?

«El mundo pasa y sus deleites» (1Jn 2,17).

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