Santos Apóstoles · Kindle

Libro I · Capítulo 21

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

De la compunción del corazón

Tramo 2 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

Cuando el hombre tiene perfecta contrición, luego le es grave y amargo todo el mundo.

El que es bueno, siempre halla bastante materia para dolerse y llorar, porque ora se mire a sí, ora piense en su prójimo, sabe que ninguno vive aquí sin tribulación.

Y cuanto con más verdad se mira, tanto más halla por qué dolerse.

Materia de justo dolor y entrañable contrición son nuestros pecados y vicios, en que estamos tan caídos, que pocas veces podemos contemplar las cosas celestiales.

[5] Si con más frecuencia pensases en tu muerte que en vivir largo tiempo, no hay duda que te enmendarías con mayor fervor.

Si ponderases también en tu corazón las penas del infierno o del purgatorio, creo que de buena gana sufrirías cualquier trabajo y dolor, y no rehusarías ninguna austeridad. Pero como estas cosas no pasan al corazón y amamos siempre el regalo, permanecemos demasiado fríos y perezosos.

Muchas veces, por falta de espíritu, se queja el cuerpo miserable.

Ruega, pues, con humildad al Señor que te dé espíritu de contrición y di con el profeta: «Dame, Señor, a comer pan de lágrimas, y a beber en abundancia el agua de mis lloros» (Sal 79,6).

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