Santos Apóstoles · Kindle

Libro I · Capítulo 23

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

De la meditación de la muerte

Tramo 1 de 3

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[1] Muy presto será contigo este negocio; mira cómo te has de componer.

Hoy es el hombre y mañana no parece.

En quitándolo de la vista, presto se va también de la memoria.

¡Oh torpeza y dureza del corazón humano, que solamente piensa en lo presente y no se cuida de lo por venir!

Así habías de conducirte en toda obra y pensamiento, como si hoy hubieses de morir.

Si tuvieses buena conciencia, no temerías mucho la muerte.

Mejor fuera evitar los pecados que huir de la muerte.

Si no estás dispuesto hoy, ¿cómo lo estarás mañana?

Mañana es día incierto, ¿y qué sabes si amanecerás mañana?

[2] ¿Qué aprovecha vivir mucho, cuando tan poco nos enmendamos?

¡Ah! La larga vida no siempre nos enmienda; antes muchas veces añade pecados.

¡Ojalá hubiéramos vivido siquiera un día bien en este mundo!

Muchos cuentan los años de su conversión; pero muchas veces es poco el fruto de la enmienda.

Si es temeroso el morir, puede ser que sea más peligroso el vivir mucho.

Bienaventurado el que tiene siempre la hora de la muerte delante de sus ojos y se dispone cada día a morir.

Si has visto alguna vez morir un hombre, piensa que por aquella carrera has de pasar.

[3] Cuando fuere de mañana, piensa que no llegarás a la noche; y cuando fuere de noche, no te atrevas a prometerte la mañana.

Por eso está siempre prevenido y vive de tal manera que nunca te halle la muerte inadvertido.

Muchos mueren de repente, porque «en la hora que no se piensa vendrá el Hijo del Hombre» (Lc 12,40).

Cuando viniere aquella hora postrera, de otra suerte comenzarás a sentir de toda tu vida pasada y te dolerás mucho de haber sido tan negligente y perezoso.

[4] ¡Qué bienaventurado y prudente es el que vive de tal modo cual desea lo halle Dios en la muerte!

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