Santos Apóstoles · Kindle

Libro II · Capítulo 1

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

De la conversación interior

Tramo 2 de 3

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No tienes aquí «domicilio permanente» (Heb 13,14); y donde quiera que estuvieres serás extraño y peregrino; y no tendrás nunca reposo si no estuvieres íntimamente unido con Cristo.

[4] ¿Qué miras aquí no siendo este el lugar de tu descanso?

En los cielos debe ser tu morada, y como de paso has de mirar todo lo terrestre.

Todas las cosas pasan, y tú también con ellas. Guárdate de pegarte a ellas, porque no seas preso y perezcas.

En el Altísimo pon tu pensamiento, y tu oración sin cesar sea dirigida a Cristo.

Si no sabes contemplar las cosas altas y celestiales, descansa en la pasión de Cristo, y habita gustosamente en sus sagradas llagas.

Porque si te acoges devotamente a las llagas y preciosas heridas de Jesús, gran consuelo sentirás en la tribulación, y no harás mucho caso de los desprecios de los hombres, y fácilmente sufrirás las palabras de los maldicientes.

[5] Cristo fue también en el mundo despreciado por los hombres, y entre grandes afrentas y en suma necesidad, desamparado de amigos y conocidos.

Cristo quiso padecer y ser despreciado, ¿y tú te atreves a quejarte de alguna cosa?

Cristo tuvo adversarios y murmuradores, ¿y tú quieres tener a todos por amigos y bienhechores?

¿Con qué se coronará tu paciencia, si ninguna adversidad se te ofrece?

Si no quieres sufrir ninguna adversidad, ¿cómo serás amigo de Cristo?

Sufre con Cristo y por Cristo si quieres reinar con Cristo.

[6] Si una vez entrases perfectamente en el interior de Jesús, y gustases un poco de su encendido amor, entonces no tendrías cuidado de tu propio provecho o daño; antes te holgarías más de las injurias que te hiciesen; porque el amor de Jesús hace al hombre despreciarse a sí mismo.

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