Libro II · Capítulo 8
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
De la familiar amistad con Jesús
Tramo 1 de 2
[1] Cuando Jesús está presente, todo es bueno y no parece cosa difícil; mas cuando está ausente, todo es duro.
Cuando Jesús no habla dentro, vil es la consolación; mas si Jesús habla una sola palabra, gran consolación se siente.
¿No se levantó María Magdalena luego del lugar donde lloró, cuando le dijo Marta: «El Maestro está aquí y te llama»? (Jn 11,28).
¡Oh, bienaventurada ahora, cuando Jesús llama de las lágrimas al gozo del espíritu!
¡Cuán seco y duro eres sin Jesús! ¡Cuan necio y vano si codicias algo fuera de Jesús! Dime: ¿no es peor daño que si todo el mundo perdieses?
[2] ¿Qué te puede dar el mundo sin Jesús? Estar sin Jesús es grave infierno; estar con Jesús es dulce paraíso.
Si Jesús estuviere contigo, ningún enemigo podrá dañarte.
El que halla a Jesús, halla un buen tesoro, y de verdad bueno sobre todo bien pierde a Jesús, pierde muy mucho y más que todo el mundo.
Pobrísimo es el que vive sin Jesús, y riquísimo el que está bien con Jesús.
[3] Grande arte es saber conversar con Jesús, y gran prudencia saber tener a Jesús.
Sé humilde y pacífico, y será contigo Jesús, sé devoto y sosegado, y permanecerá contigo Jesús.
Presto puedes echar de ti a Jesús y perder su gracia, si te pegas a las cosas exteriores.
Y si destierras de ti a Jesús y le pierdes, ¿adónde irás y a quién buscarás por amigo?
Sin amigo no puedes vivir contento y si no fuere Jesús tu especialísimo amigo, estarás muy triste y desconsolado.
Pues locamente lo haces si en otro alguno confías y te alegras. Más se debe escoger tener todo el mundo contrario que tener ofendido a Jesús.
Sobre todos tus amigos, pues, sea Jesús amado singularísimamente.
Capítulo anteriorÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.