Libro II · Capítulo 8
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
De la familiar amistad con Jesús
Tramo 2 de 2
[4] Ama a todos por amor a Jesús mas a Jesús por sí mismo; sólo a Jesucristo se debe amar singularísimamente, porque Él solo se halla bueno y fidelísimo, más que todos los amigos.
Por Él y en Él debes amar a amigos y enemigos, y rogarle por todos para que lo conozcan y lo amen.
Nunca codicies ser loado y amado singularmente, porque eso a sólo Dios pertenece, que no tiene igual; ni quieras que alguno ocupe contigo su corazón, ni tú ocupes el tuyo con el amor de nadie; mas sea Jesús en ti y en todo hombre bueno.
[5] Sé puro y libre interiormente, sin ocupación de criatura alguna.
Es menester llevar a Dios un corazón desnudo y puro, si quieres descansar y ver «cuán suave es el Señor» (Sal 33,9).
Y verdaderamente no llegarás a esto si no fueres prevenido y traído de su gracia, para que, dejadas y echadas fuera todas las cosas, tú solo seas unido con Él solo.
Pues cuando viene la gracia de Dios al hombre, entonces se hace poderoso para todo: y cuando se va, será pobre y enfermo, y como abandonado a los castigos.
En estas cosas no debes desmayar ni desesperar, mas estar constante a la voluntad de Dios y sufrir con igual ánimo todo lo que viniere a gloria de Jesucristo.
Porque después del invierno viene el verano, y después de la noche vuelve el día, y después de la tempestad gran bonanza.
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