Libro II · Capítulo 11
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Cuán pocos son los que aman la cruz de Cristo
Tramo 2 de 2
Y esta, ¿cuál es? Que, dejadas todas las cosas, deje a sí mismo y salga de sí del todo, y que no le quede nada de amor propio.
Y cuando hubiere hecho todo lo que conociere que debe hacer, aún piense no haber hecho nada.
No tenga en mucho que le puedan estimar por grande; mas llámese en la verdad siervo sin provecho, como dice la Verdad: «Cuando hubiereis hecho todo lo que os está mandado, aún decid: Siervos somos sin provecho» (Lc 17,10).
Y así podrá ser pobre y desnudo de espíritu, y decir con el profeta: «Porque uno solo y pobre soy yo» (Sal 24,16).
Ninguno todavía hay más rico, ninguno más poderoso, ninguno más libre que aquel que sabe dejarse a sí y todas las cosas y ponerse en el más bajo lugar.
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