Libro II · Capítulo 12
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Del camino real de la santa cruz
Tramo 4 de 6
[9] No es según la inclinación humana llevar la cruz, amar la cruz, castigar el cuerpo, ponerlo en servidumbre; huir las honras, sufrir de grado las injurias, despreciarse a sí mismo y desear ser despreciado; sufrir todo lo adverso y dañoso, y no desear cosa de prosperidad en este mundo.
Si te miras a ti mismo, no podrás por ti solo cosa alguna de estas; mas si confías en Dios, Él te enviará fortaleza del cielo y hará que te estén sujetos el mundo y la carne.
Y no temerás al diablo, tu enemigo, si estuvieses armado de fe y señalado con la cruz de Cristo.
[10] Dispónte, pues, como bueno y fiel siervo de Cristo, para llevar varonilmente la cruz de tu Señor, crucificado por tu amor.
Prepárate a sufrir muchas adversidades y diversas incomodidades en esta miserable vida, porque así estará contigo Jesús adondequiera que fueres; y de verdad que lo hallarás en cualquier parte que te escondas.
Así conviene que sea; y no hay otro remedio para evadirse del dolor y de la tribulación de los males sino sufrir.
Bebe afectuosamente el cáliz del Señor, si quieres ser su amigo y tener parte con Él.
Remite a Dios las consolaciones, para que haga con ellas lo que más le agradare.
Pero tú dispónte a sufrir las tribulaciones, y estímalas por grandes consuelos, porque «no son condignas las pasiones de este tiempo para merecer la gloria venidera» (Rom 8,18), aunque tú solo pudieses sufrirlas todas.
[11] Cuando llegares a tanto que la aflicción te sea dulce y gustosa por Cristo, piensa entonces que te va bien, porque hallaste el paraíso en la tierra.
Cuando te parece grave el padecer y procuras huirlo, cree que te va mal, y dondequiera que fueres te seguirá la tribulación.
[12] Si te dispones para hacer lo que debes, es a saber: sufrir y morir; luego te irá mejor y hallarás paz.
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