Libro III · Capítulo 5
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Del maravilloso efecto del divino amor
Tramo 3 de 3
Ámete yo más que a mí y no me ame a mí sino a ti, y en ti a todos los que de verdad te aman como manda la ley del amor, que sale resplandeciente de ti.
[7] Jesucristo.– El amor es diligente, sincero, piadoso, alegre y deleitable, fuerte, sufrido, fiel, prudente; de larga esperanza, varonil, y nunca se busca a sí mismo, porque cuando alguno se busca a sí mismo, luego cae del amor.
El amor es muy mirado, humilde y recto; no es regalón, ni liviano, ni entiende en cosas vanas; es sobrio, casto, firme, quieto y recatado en todos los sentidos.
El amor es sumiso y obediente a los superiores; vil y despreciado para sí; para Dios, devoto y agradecido, confiado y esperando siempre en Él, aun cuando no le regala, porque ninguno vive en amor sin dolor.
[8] El que no está dispuesto a sufrirlo todo y a hacer la voluntad del Amado, no es digno de llamarse amante.
Conviene al que ama abrazar de buena voluntad por el Amado todo lo duro y amargo, y no apartarse de Él por cosa contraria que acaezca.
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