Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 6

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

De la prueba del verdadero amor

Tramo 2 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

Te sugiere muchos pensamientos malos para disgustarte y atemorizarte, para desviarte de la oración y de la lección sagrada.

Desagrádale mucho la humilde confesión; y si pudiese, haría que dejases la comunión.

No lo creas ni hagas caso de él, aunque muchas veces te arme lazos engañosos.

Cuando te trajere pensamientos malos y torpes, atribúyelos a él y dile:

«Vete de aquí, espíritu inmundo; avergüénzate, desventurado; muy sucio eres, pues me traes tales cosas al oído. Apártate de mí, malvado engañador; no tendrás parte alguna en mí; mas Jesús estará conmigo como invencible capitán y tú estarás confundido. Más quiero morir y sufrir cualquier pena que consentir contigo. Calla y enmudece; no te oiré más, aunque mucho me importunes».

«El Señor es mi luz y mi salud: ¿a quién temeré? Aunque se ponga contra mí un ejército, no temerá mi corazón» (Sal 26,1). «El Señor es mi ayuda y mi redentor» (Sal 18,15).

[5] Pelea como buen soldado: y si alguna vez cayeres por flaqueza, procura cobrar mayores fuerzas que las primeras, confiando en mayor favor mío, y guárdate mucho del vano contentamiento y de la soberbia.

Por esto muchos son engañados y caen algunas veces en ceguedad casi incurable.

Sírvate de aviso y de perpetua humildad la caída de los soberbios que locamente presumen de sí.

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