Libro III · Capítulo 7
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Que se ha de encubrir la gracia bajo el velo de la humildad
Tramo 2 de 3
Los que aún son nuevos e inexpertos en el camino del Señor, si no se gobiernan por el consejo de discretos, fácilmente pueden ser engañados y perderse.
[3] Y si quieren más seguir su parecer que creer a los ejercitados, les será peligroso el fin, si no quieren ceder de su propio juicio.
Los que se tienen por sabios, rara vez sufren con humildad que otro los dirija.
Mejor es saber poco con humildad y poco entender que grandes tesoros de ciencia con vana complacencia.
Más te vale tener poco que mucho de que te puedas ensoberbecer.
No obra discretamente el que se entrega todo a la alegría, olvidando su primitiva miseria y el casto temor del Señor, que recela perder la gracia concedida.
Ni tampoco obra como virtuoso el que en tiempo de adversidad y de cualquier molestia se desanima demasiado y no piensa ni siente de mí con la debida confianza.
[4] El que quisiere estar muy seguro en tiempo de paz, se encontrará abatido y temeroso en tiempo de guerra.
Si supieses permanecer siempre humilde y pequeño en tus ojos, y moderar y regir bien tu espíritu, no caerías tan presto en peligro ni pecado.
Buen consejo es que pienses, cuando estás con fervor de espíritu, lo que puede ocurrir con la ausencia de la luz.
Y cuando esto acaeciere, piensa que otra vez puede volver la luz, que para tu seguridad y gloria mía te quité por algún tiempo.
[5] Más aprovecha muchas veces esta prueba que si estuviesen de continuo a tu voluntad las cosas que deseas.
Porque los merecimientos no se han de calificar por tener muchas visiones o consolaciones, o por que sea uno entendido en la Escritura, o por estar levantado en dignidad más alta.
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