Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 10

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Que en despreciando el mundo, es dulce cosa servir a Dios

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Mas a todas estas cosas excede, que tú mismo te dignaste servir al hombre y le prometiste que te darías a ti mismo.

[4] ¿Qué te daré yo por tantos millares de beneficios? ¡Oh, si pudiese yo servirte todos los días de mi vida!

¡Oh, si al menos pudiese siquiera un solo día hacerte algún digno servicio!

Verdaderamente, tú eres digno de todo servicio, de toda honra y alabanza eterna.

Verdaderamente, tú eres mi Señor, y yo pobre siervo tuyo, que estoy obligado a servirte con todas mis fuerzas, y nunca debo cansarme de alabarte.

Así lo quiero, así lo deseo, y lo que me falta ruégote que tú lo suplas.

[5] Grande honra y gran gloria es servirte y despreciar todas las cosas por ti.

Por cierto, grande gracia tendrán los que de voluntad se sujetaren a tu santísimo servicio.

Hallarán la suavísima consolación del Espíritu Santo los que por amor tuyo despreciaren todo deleite carnal.

Alcanzarán gran libertad de corazón los que por tu amor entran por la senda estrecha y desechan todo cuidado del mundo.

[6] ¡Oh agradable y alegre servidumbre de Dios, con la cual se hace el hombre verdaderamente libre y santo!

¡Oh sagrado estado de la sujeción religiosa, que hace al hombre igual a los ángeles, apacible a Dios, terrible a los demonios y recomendable a todos los fieles!

¡Oh servidumbre digna de ser abrazada y siempre deseada, con la cual se merece el Sumo Bien y se adquiere el gozo que durará para siempre!

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