Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 23

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

De cuatro cosas que causan gran paz

Tramo 2 de 2

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Refrena mis muchas distracciones y quebranta las tentaciones que me hacen violencia. Pelea fuertemente por mí y ahuyenta las malas bestias, que son los apetitos halagüeños, para «que se haga paz con tu poder» (Sal 121,7), y resuene la abundancia de tu alabanza en el santo palacio, esto es, en la conciencia limpia.

«Manda a los vientos y tempestades. Di al mar: Sosiégate», y al cierzo: «No soples», y habrá «gran bonanza» (Mc 4,39).

«Envía tu luz y tu verdad» (Sal 42,3) para que resplandezcan sobre la tierra, porque «tierra soy vana y vacía» (Gén 1,2) hasta que tú me alumbres.

Derrama de lo alto tu gracia; riega mi corazón con el rocío celestial; concédeme las aguas de la devoción para regar la superficie de la tierra por que produzca fruto bueno y perfecto.

Levanta el corazón oprimido con el peso de los pecados y arrebata todo mi deseo a las cosas del cielo, para que, gustada la suavidad de la felicidad celestial, me sea enfadoso pensar en lo terreno.

Apártate y líbrame de la fugaz consolación de las criaturas, porque ninguna cosa creada basta para aquietar y consolar cumplidamente mi apetito.

Úneme a ti con el vínculo inseparable del amor, porque tú solo bastas al que te ama, y sin ti todas las cosas son despreciables.

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