Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 31

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Del desprecio de toda criatura para hallar al Creador

Tramo 2 de 2

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No sé qué es, ni qué espíritu nos lleva, ni qué esperamos los que parece somos llamados espirituales, cuando tanto trabajo y mayor solicitud ponemos en las cosas transitorias y viles, y con dificultad y muy tarde nos recogemos del todo a considerar nuestro interior.

[4] ¡Oh dolor! Que al momento que nos hemos corregido un poco, salimos fuera y no escudriñamos nuestras obras con riguroso examen.

No miramos dónde tenemos nuestras aficiones, ni lloramos cuán manchadas están todas nuestras cosas.

«Toda carne había corrompido su camino» (Gén 6,12), y por eso se siguió el gran diluvio.

Porque estando corrompido nuestro afecto interior, es necesario que la obra que de él dimana (señal de la privación de la virtud interior) también se corrompa.

Del corazón puro procede el fruto de la buena vida.

[5] Se examina cuanto hace uno, pero no indagamos de cuánta virtud proceden sus acciones.

Se averigua si alguno es valiente, rico, hermoso, hábil o buen escritor, buen cantor, buen trabajador; pero poco se habla de cuán pobre sea de espíritu, cuán paciente y manso, cuán devoto y recogido.

La naturaleza mira las cosas exteriores del hombre; mas la gracia se ocupa en las interiores. Aquella muchas veces se engaña; esta espera en Dios para no engañarse.

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