Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 49

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Del deseo de la vida eterna,y cuántos bienes están prometidos a los que pelean

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Deseas gozar del Sumo Bien, mas no lo puedes alcanzar por ahora.

Yo soy; «espérame —dice el Señor— hasta que venga el reino de Dios» (Lc 22,18).

[4] Has de ser probado aún en la tierra y ejercitado en muchas cosas.

Algunas veces serás consolado, pero no te será dada satisfacción cumplida.

«Esfuérzate, pues, y sé valeroso» (Jos 1,6), así en hacer como en padecer cosas repugnantes a la naturaleza. Conviene que te vistas de hombre nuevo y te vuelvas otro hombre.

Es preciso hacer muchas veces lo que no quieres y dejar lo que quieres.

Lo que agrada a otros irá adelante; lo que a ti te contenta no se hará.

Lo que dicen otros será oído; lo que dices tú será reputado por nada.

Pedirán otros y recibirán; tú pedirás y no alcanzarás.

Otros serán grandes en boca de los hombres; de ti no se hablará.

A otros se encargará este o aquel negocio; tú serás tenido por inútil para todo.

Por esto se contristará alguna vez la naturaleza, y no harás poco si la sufrieres callando.

[5] En estas y otras muchas cosas semejantes es probado el siervo fiel del Señor, para ver cómo sabe negarse y mortificarse en todo.

Apenas hay cosa en que más necesites morir a ti mismo que en ver sufrir lo que repugna a tu voluntad, principalmente cuando parece sin razón y menos útil lo que te mandan hacer.

Y porque tú, siendo súbdito, no osas resistir a la ordenación de tu superior, por eso te parece cosa dura andar pendiente de la voluntad de otro y dejar todo tu propio parecer.

[6] Mas considera, hijo, el fin cercano de estos trabajos, el fruto de ellos y su grandísimo premio, y no te serán pesados, sino muy gran consuelo de tu paciencia.

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