Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 49

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Del deseo de la vida eterna,y cuántos bienes están prometidos a los que pelean

Tramo 3 de 3

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Pues por esta poca voluntad que ahora dejas de grado poseerás para siempre tu voluntad en el cielo, pues allí hallarás todo lo que quisieres y cuanto pudieres desear.

Allí tendrás en tu poder todo el bien sin miedo de perderlo.

Allí tu voluntad, unida con la mía para siempre, no apetecerá cosa alguna extraña o propia.

Allí ninguno te resistirá, ninguno se quejará de ti, nadie te impedirá, nada se te opondrá, sino que todas las cosas que deseares las disfrutarás juntas, y llenarán y colmarán todos tus deseos.

Allí te daré honor por la afrenta padecida, vestidura de gloria por la aflicción, y por el ínfimo lugar, la silla del reino para siempre.

Allí se verá el fruto de la obediencia, se alegrará el trabajo de la penitencia, y la humilde sumisión será gloriosamente coronada.

[7] Inclínate, pues, ahora humildemente bajo la mano de todos y no cuides de mirar quién lo dijo o quién lo mandó.

Sino procura con gran cuidado que, ya sea superior o inferior, o igual el que algo te exigiere o insinuare, todo lo tengas por bueno y cuides de cumplirlo con sincera voluntad.

Busque cada uno lo que quisiere; gloríese este en esto y aquel en lo otro, y sea alabado mil millares de veces; mas tú no te alegres ni en esto ni en aquello, sino en el desprecio de ti mismo y en sola mi voluntad y honra.

Una cosa debes desear, y es que, en vida o en muerte, sea Dios siempre glorificado en ti.

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