Santos Apóstoles · Kindle

Libro III · Capítulo 54

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

De los diversos movimientos de la naturaleza y de la gracia

Tramo 3 de 4

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Pero la gracia ama aun a los enemigos, y no se engríe por los muchos amigos, ni hace caso del propio nacimiento y linaje, si en él no hay mayor virtud. Favorece más al pobre que al rico; se acomoda más bien al inocente que al poderoso; se alegra con el veraz, no con el engañoso. Exhorta siempre a los buenos a que aspiren a gracias mejores y se semejen al Hijo de Dios por sus virtudes.

[9] La naturaleza luego se queja de la necesidad y del trabajo. Pero la gracia lleva con buen rostro la pobreza.

La naturaleza todo lo dirige a sí misma, y por sí pelea y porfía.

Mas la gracia todo lo refiere a Dios, de donde originalmente mana; ningún bien se arroga ni se atribuye a sí misma. No porfía ni prefiere su modo de pensar al de otros, sino que en todo sentir y opinión se sujeta a la sabiduría eterna y al divino examen.

La naturaleza apetece saber secretos y oír novedades; quiere aparecer en público y observar mucho por los sentidos; desea ser conocida y hacer cosas de donde le proceda alabanza y fama.

Pero la gracia no cuida de oír cosas nuevas y curiosas; porque todo esto nace de la corrupción antigua, y no hay cosa nueva ni durable sobre la tierra.

[10] Enseña, pues, a recoger los sentidos, a huir la vana complacencia y ostentación, esconder humildemente lo que tenga digno de admiración o alabanza, y buscar en todas las cosas y en toda ciencia fruto de utilidad y la alabanza y honra de Dios.

No quiere que ella ni sus cosas sean pregonadas; sino que Dios sea glorificado en sus dones, que los da todos con purísimo amor.

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