Libro III · Capítulo 57
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Que no debe acobardarse demasiado el que cae en algunas faltas
Tramo 2 de 2
El alma.– [4] Señor, bendita sea tu palabra «dulce para mi boca más que la miel y el panal» (Sal 18,11).
¿Qué haría yo en tantas tribulaciones y angustias, si tú no me animases con tus santas palabras?
Con tal que al fin llegue yo al puerto de salvación, ¿qué se me da de cuanto hubiere padecido?
Dame buen fin; dame una dulce partida de este mundo.
Acuérdate de mí, Dios mío, y guíame por camino derecho a tu reino. Amén.
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