Libro IV · Capítulo 3
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Que es provechoso comulgar con frecuencia
Tramo 2 de 2
Así que la santa comunión retrae de lo malo y conforta en lo bueno.
Y si ahora que comulgo o celebro soy tan negligente y tibio, ¿qué sucedería si no tomase tal medicina y si no buscase auxilio tan grande?
Y aunque no esté preparado cada día, ni bien dispuesto para celebrar, procuraré, sin embargo, recibir los divinos misterios en los tiempos convenientes, para hacerme participante de tanta gracia.
Porque el principal consuelo del alma fiel, mientras peregrina lejos de ti, unida a un cuerpo mortal, es acordarse frecuentemente de su Dios y recibir a su Amado con devoto corazón.
[4] ¡Oh admirable dignación de tu clemencia para nosotros, que tú, Señor Dios, Creador y vivificador de todos los espíritus, te dignas venir a una pobrecilla alma, y satisfacer su hambre con toda tu divinidad y humanidad!
¡Oh feliz espíritu y dichosa alma la que merece recibir con devoción a su Dios y Señor y rebosar así de gozo espiritual!
¡Oh, qué Señor tan grande recibe, qué huésped tan amable aposenta, qué compañero tan agradable admite, qué amigo tan fiel elige, qué esposo abraza tan noble y tan hermoso y más amable que todo cuanto se puede amar ni desear!
Callen en tu presencia, mi dulcísimo Amado, el cielo y la tierra con todo su ornato, porque todo cuanto tienen de esplendor y de hermosura lo han recibido de tu generosa bondad, y nunca pueden aproximarse a la gloria de tu nombre, «cuya sabiduría es infinita» (Sal 141,5).
Siguiente capítuloÚltimo tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.