Libro IV · Capítulo 4
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Que se conceden muchos bienes a los que devotamente comulgan
Tramo 3 de 3
[5] Yo, pues, trabajo con sudor de mi rostro, soy atormentado con dolor de mi corazón, estoy cargado de pecados, combatido de tentaciones, envuelto y oprimido de muchas pasiones, y no hay quien me valga, no hay quien me libre y salve sino tú, Señor Dios, Salvador mío, a quien me encomiendo y todas mis cosas, para que me guardes y lleves a la vida eterna.
Recíbeme para honra y gloria de tu nombre, pues me dispusiste tu cuerpo y sangre en manjar y bebida.
Concédeme, Señor Dios, Salvador mío, que crezca el afecto de mi devoción con la frecuencia de este soberano misterio.
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