Santos Apóstoles · Kindle

Libro IV · Capítulo 9

La imitación de Cristo · Tomás de Kempis

Que debemos ofrecernos a Dios con todas nuestras cosas y rogarle por todos

Tramo 2 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

[5] También te ofrezco todos los santos deseos de los devotos y las necesidades de mis parientes y amigos, hermanos, hermanas y de todos los que amo, y de cuantos me han hecho bien a mí y a otros por tu amor.

Y de todos los que desearon y pidieron que yo orase o dijese misa por ellos, y por todos los suyos, vivos y difuntos.

Para que todos sientan el favor de tu gracia, el auxilio de tu consolación, la protección en los peligros y el alivio en los trabajos, para que, libres de todos los males, te den muy alegres y cordialísimas gracias.

[6] También te ofrezco mis oraciones y el sacrificio de propiciación, especialmente por los que en algo me han enojado, contristado o vituperado, o me han hecho algún daño o agravio.

Y por todos los que yo enojé, turbé, agravié y escandalicé, por palabra o por obra, por ignorancia o advertidamente, para que tú nos perdones a todos nuestros pecados y ofensas recíprocas.

Aparta, Señor, de nuestros corazones toda mala sospecha, toda ira, indignación y contienda, y cuanto pueda estorbar la caridad y disminuir el amor del prójimo.

¡Misericordia, misericordia, Señor! Da tu misericordia a los que la pidan y tu gracia a los que la necesitan, y haz que vivamos de tal modo que seamos dignos de gozar de tu gracia y aprovechemos para la vida eterna. Amén.

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