Libro IV · Capítulo 10
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Que no se debe dejar fácilmente la sagrada comunión
Tramo 1 de 3
Jesucristo.– [1] Muy a menudo debes acudir a la fuente de la gracia y de la misericordia divina, a la fuente de la bondad y de toda pureza, para que puedas sanar de tus pasiones y vicios, y merezcas hacerte más fuerte y más despierto contra todas las tentaciones y engaños del demonio.
El enemigo, sabiendo el grandísimo fruto y remedio que hay en la sagrada comunión, trabaja cuanto puede, sin perder medio ni ocasión, por retraer y estorbar a los fieles y devotos.
[2] Porque luego que algunos piensan en prepararse para la sagrada comunión, padecen peores tentaciones de Satanás que antes.
Este espíritu maligno «se mete entre los hijos de Dios», como se dice en el libro de Job (1,7), para turbarlos con su acostumbrada malicia, o para hacerlos excesivamente tímidos y perplejos, y de este modo entibiar su devoción o quitarles la fe con sus acometidas, para que dejen tal vez del todo la comunión o se lleguen a ella con tibieza.
Mas no debemos cuidar de sus astucias y tentaciones, por más torpes y espantosas que sean, sino rechazar contra él mismo los fantasmas abominables que nos representa.
Despreciarse debe este desdichado y burlarse de él, y no dejar la sagrada comunión por todas sus acometidas y por las turbaciones que levantare.
[3] Muchas veces estorba también la demasiada ansia de tener devoción y cierta inquietud por confesarse bien. Haz en esto lo que te aconsejen los sabios y deja el ansia y el escrúpulo, porque impide la gracia de Dios y destruye la devoción del alma.
No dejes la sagrada comunión por alguna pequeña tribulación o pesadumbre, sino vete luego a confesar, y perdona de buena gana todas las ofensas que te han hecho.
Y si tú has ofendido a alguno, pídele perdón con humildad, y Dios te perdonará también de buena voluntad.
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