Libro IV · Capítulo 12
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Que debe disponerse con gran diligencia el que ha de recibir a Cristo
Tramo 2 de 2
Ni tú vienes a santificarme a mí, sino yo vengo a santificarte y mejorarte.
Tú vienes para que seas por mí santificado y unido conmigo, para que recibas nueva gracia y te enfervorices de nuevo para la enmienda.
No desprecies esta gracia, mas prepara con toda diligencia tu corazón y recibe dentro de ti a tu Amado.
[4] Pero conviene que no sólo procures la devoción antes de comulgar, sino que también la conserves con cuidado después de recibido el sacramento. Ni es menos necesario después el recogimiento y vigilancia que lo es antes la devota preparación; porque el cuidado que después se tiene es la mejor disposición para recibir nuevamente mayor gracia. Y al contrario, se indispone mucho para ella el que luego se entrega con exceso a las complacencias exteriores.
Guárdate de hablar mucho, recógete en algún lugar secreto y goza de tu Dios, pues tienes al que no te puede quitar todo el mundo.
Yo soy a quien te debes entregar sin reserva, de manera que ya no vivas en ti, sino en mí, sin cuidado alguno.
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