Libro IV · Capítulo 18
La imitación de Cristo · Tomás de Kempis
Que el hombre no debe ser curioso escudriñador de este sacramento, sino humilde imitador de Cristo,sometiendo su sentir a la sagrada fe
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Dios anda con los sencillos, se descubre a los humildes, da entendimiento a los pequeños, alumbra a las almas puras y esconde su gracia a los curiosos y soberbios.
La razón humana es flaca y puede engañarse; mas la fe verdadera no puede engañarse.
[5] Toda razón y discurso natural debe seguir a la fe y no ir delante de ella ni debilitarla.
Porque la fe y el amor muestran aquí mucho su excelencia, y obran secretamente en este santísimo y sobreexcelentísimo sacramento.
Dios eterno, inmenso y de poder infinito, hace cosas grandes e inescrutables en el cielo y en la tierra, y sus obras admirables se ocultan a toda investigación.
Si tales fuesen las obras de Dios, que fácilmente se pudiesen comprender por la razón humana, no se dirían inefables ni maravillosas.
Fin del libro.
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