Santos Apóstoles · Kindle

Parte 1 · Capítulo 5

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

QUE ES MENESTER COMENZAR POR LA PURIFICACIÓN DEL ALMA

Tramo 2 de 2

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Conviene, pues, ¡oh Filotea!, que seas animosa y paciente en esta empresa. ¡Ah! qué pena da ver a ciertas almas que, al sentirse todavía sujetas a muchas imperfecciones, después de haberse ejercitado en la devoción, se turban y desalientan y se dejan casi vencer por la tentación de abandonarlo todo y de volver atrás. Mas, por el contrario, ¿no es también un peligro para las almas, el que, por una tentación opuesta, lleguen a creer, el primer día, que ya están purificadas de sus imperfecciones y, teniéndose por perfectas, echen a volar sin alas? ¡Oh Filotea, es demasiado grande el peligro de caer, para desasirse tan pronto de las manos del médico! ¡Ah!, «no os levantéis antes de que llegue la luz -dice el profeta-; levantaos después de haber descansado»; y él mismo, después de haber practicado este consejo y de haberse lavado y purificado, pide a Dios que le lave y purifique de nuevo.

El ejercicio de la purificación del alma no puede ni debe acabarse sino con la vida. No nos turbemos, pues, por nuestras imperfecciones, porque nuestra perfección consiste precisamente en combatirlas, y no podremos combatirlas sin verlas, ni vencerlas sin encontrarlas. Nuestra victoria no estriba en no sentirlas, sino en no consentir en ellas, y no es, en manera alguna, consentir el sentirse por ellas acosado. Es muy provechoso, para el ejercicio de la humildad, que, alguna vez, seamos heridos en este combate espiritual; sin embargo, nunca somos vencidos, sino cuando perdemos la vida o el valor. Ahora bien, las imperfecciones y los pecados no pueden arrebatarnos la vida espiritual, pues ésta sólo se pierde por el pecado grave; importa, pues, que no nos desalienten: «Líbrame, Señor -decía David-, de la cobardía y del desaliento». Es, para nosotros, una condición ventajosa, en esta guerra, saber que siempre seremos vencedores, con tal que queramos combatir.

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