Santos Apóstoles · Kindle

Parte 1 · Capítulo 8

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE COMO SE HA DE HACER ESTA SEGUNDA PURIFICACIÓN

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El primer motivo para llegar a esta segunda purificación es el vivo y fuerte conocimiento del gran mal que nos acarrea el pecado, conocimiento que excita en nosotros una profunda y vehemente contrición; pues, así como la contrición, con tal que sea verdadera, por pequeña que sea, sobre todo si se junta a la virtud de los sacramentos, nos purifica suficientemente del pecado, asimismo, cuando es grande y vehemente, nos purifica de todos los afectos que del pecado se derivan. Un odio o un rencor flojo y débil nos hace antipática la persona odiada y nos induce a evitar su compañía; mas, cuando el odio es mortal y violento, no sólo huimos de la persona aborrecida, sino que nos disgusta, y no podemos sufrir el trato de sus compañeros, amigos y parientes y su imagen y todo cuanto a ella se refiere. Así, cuando el penitente odia el pecado, movido de una ligera, aunque verdadera contrición, resuelve sinceramente no volver más a pecar; pero cuando el aborrecimiento es fruto de una contrición vigorosa y potente, no sólo detesta el pecado, sino todos los afectos, relaciones y caminos que a él conducen. Conviene, pues, Filotea, que acrecentemos nuestra contrición y nuestro arrepentimiento, a fin de que llegue a extenderse hasta las más insignificantes manifestaciones del pecado. Magdalena, en su conversión, de tal manera perdió el gusto por el pecado y por los placeres que en él había hallado, que jamás Pensó en ellos; y David no sólo aborreció el pecado, sino también todos sus caminos y senderos: en esto consiste la renovación del alma, que el mismo profeta compara con la renovación del águila.

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