Parte 1 · Capítulo 10
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
Meditación 2ª : DEL FIN PARA EL CUAL HEMOS SIDO CREADOS
Tramo 2 de 2
3. Conviértete a Dios. Tú, Dios mío y Salvador mío, serás, en adelante, el único objeto de mis pensamientos; jamás aplicaré mi atención a pensamientos que te sean desagradables: mi memoria, durante todos los días de mi existencia, estará llena de la grandeza de tu bondad, tan dulcemente ejercida en mi vida; Tú serás las delicias de mi corazón y la suavidad de mis afectos.; ¡Ah, sí! ; aborreceré para siempre tales y tales bagatelas y diversiones a las cuales me entregaba, y a los ejercicios vanos, en los cuales empleaba mis días, y a tales afectos, que cautivaban mi corazón, y, para lograrlo, emplearé tales y tales remedios.
CONCLUSIÓN. 1. Da gracias a Dios que te ha creado para un fin tan excelente. Tú, Señor, me has hecho para Ti, para que goce eternamente de la inmensidad de tu gloria: ¿Cuándo llegaré a ser digna de ello y cuándo te bendeciré como es debido?
2. Ofrecimiento. Te ofrezco, ¡oh mi amado Creador!, todos estos mismos afectos y resoluciones, con toda mi alma y con todo mi corazón.
3. Pide. Te ruego, ¡oh Dios mío!, que te sean agradables mis anhelos y mis propósitos, y que concedas tu santa bendición a mi alma, para que pueda cumplirlos, por los méritos de la sangre de tu Hijo, derramada en la Cruz, etc.
Padrenuestro, etc.
Haz el ramillete de devoción.
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