Santos Apóstoles · Kindle

Parte 1 · Capítulo 19

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

COMO SE HA DE HACER LA CONFESIÓN GENERAL

Tramo 1 de 2

Letra pequeñaMedianaGrande

He aquí, pues, amada Filotea, las meditaciones que se requieren para nuestro objeto. Una vez hechas, ve, con espíritu de humildad, a hacer tu confesión general; pero te ruego que no te dejes perturbar por ninguna aprensión. El escorpión, que nos ha herido, es venenoso cuando nos pica, pero, una vez reducido a aceite, es un remedio contra su propia picadura.

Sólo cuando lo cometemos, es vergonzoso el pecado, pero, al convertirse en confesión y en penitencia, es honroso y saludable. La confesión y la contrición son tan bellas y de tan buen olor, que borran la fealdad y disipan el hedor del pecado. Simón el leproso dijo que Magdalena era pecadora, pero Nuestro Señor dijo que no, y ya no habló de otra cosa sino de los perfumes que derramó y de la grandeza de su amor. Si somos humildes, Filotea, nuestro pecado nos desagradará infinitamente, porque es ofensa de Dios; pero la acusación de nuestro pecado nos será dulce y amable, porque Dios es honrado en ella: decir al médico lo que nos molesta es, en cierta manera, un alivio. Cuando llegues a la presencia de tu padre espiritual, imagínate que te encuentras en la montaña del Calvario, a los pies de Jesucristo crucificado, destilando por todas partes su preciosísima sangre, para lavar tus iniquidades; porque, aunque no sea la propia sangre del Salvador, es, empero, el mérito de su sangre derramada el que rocía abundantemente a los penitentes, alrededor de los confesionarios.

Abre, pues, bien tu corazón, para que salgan de él los pecados, por la confesión, porque, conforme vayan saliendo, entrarán en él los méritos de la pasión divina para llenarlo de bendiciones.

Capítulo anterior

Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.