Parte 1 · Capítulo 20
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
PROMESA AUTÉNTICA PARA GRABAR EN EL ALMA LA RESOLUCIÓN DE SERVIR A DIOS Y CONCLUIR LOS ACTOS DE PENITENCIA
Tramo 2 de 3
Mas, volviéndome hacia el trono de la misericordia infinita de este mismo Dios eterno, después de haber detestado con todo mi corazón y con todas mis fuerzas las iniquidades de mi vida pasada, pido y suplico humildemente gracia, perdón y misericordia y la completa absolución de mis crímenes, en virtud de la muerte y pasión de este mismo Señor y Redentor de mi alma, sobre la cual apoyada, como sobre el único fundamento de mi esperanza, confieso otra vez y renuevo la sagrada profesión de fidelidad hecha a Dios, en el bautismo, y renuncio al demonio, al mundo y a la carne, detesto sus perversas sugestiones, vanidades y concupiscencias, por todo el tiempo de mi vida presente y por toda la eternidad.
Y, convirtiéndome a mi Dios, bondadoso y compasivo, deseo, propongo y resuelvo irrevocablemente servirle y amarle, ahora y siempre, dándole, para este fin, dedicándole y consagrándole mi espíritu con todas sus facultades, mi alma con todas sus potencias, mi corazón con todos sus afectos, mi cuerpo con todos sus sentidos; prometiendo no abusar jamás de ninguna parte de mi ser contra su divina voluntad y soberana Majestad, a la cual me sacrifico e inmolo en espíritu, para serle, en adelante, siempre leal, obediente y fiel criatura, sin retractarme ni arrepentirme jamás de ello. Mas, ¡ay de mi, si, por sugestión del enemigo o por cualquier debilidad humana, llegase a contravenir, en alguna cosa, esta mi resolución y consagración, prometo desde ahora y propongo, confiado en la gracia del Espíritu Santo, levantarme, en cuanto me dé cuenta de ello, y convertirme de nuevo, sin retrasos ni dilaciones.
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