Parte 1 · Capítulo 22
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
QUE ES NECESARIO PURIFICARSE DEL AFECTO AL PECADO VENIAL
Tramo 2 de 3
Y digo ahora que es menester purgar el alma de todo afecto al pecado venial, es decir, que no conviene alimentar voluntariamente la voluntad de continuar y de perseverar en ninguna especie de pecado venial, porque sería una insensatez demasiado grande querer, con pleno conocimiento, guardar en nuestra conciencia una cosa tan desagradable a Dios como lo es la voluntad de querer desagradarle. El pecado venial, por pequeño que sea, desagrada a Dios, pero no hasta el extremo de que, por su causa, quiera condenarnos y perdernos. Y, si el pecado venial le desagrada, la voluntad y el afecto que tenemos al pecado venial no es otra cosa que una resolución de querer desagradar a la divina Majestad. ¿Es posible que una alma bien nacida no sólo quiera desagradar a Dios, sino también complacerse en desagradarle?
Estos afectos, Filotea, son directamente contrarios a la devoción, como el afecto al pecado mortal es contrario a la caridad: debilitan las fuerzas del espíritu, impiden las consolaciones divinas, abren la puerta a las tentaciones, y, aunque no matan al alma, la ponen muy enferma. «Las moscas que mueren en él, dice el Sabio, hacen que se pierda la suavidad del ungüento», con lo que quiere decir que las moscas, cuando apenas se posan sobre el ungüento de modo que comen de él de paso, no contaminan sino lo que cogen, y se conserva bien lo restante; pero, cuando mueren dentro del ungüento le roban su valor y lo echan a perder. Asimismo los pecados veniales; si se detienen poco tiempo en una alma devota no le causan mucho mal; pero, si estos mismos pecados establecen su morada en el alma, por el afecto que en ellos se pone, hacen que pierda la suavidad del ungüento, es decir, la santa devoción.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.