Santos Apóstoles · Kindle

Parte 1 · Capítulo 23

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

QUE HEMOS DE PURIFICARNOS DEL AFECTO A LAS COSAS INÚTILES Y PELIGROSAS

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Así, los antiguos nazarenos no sólo se privaban de todo lo que podía embriagar, sino también de los racimos y del agraz; no porque los racimos y el agraz embriaguen, sino porque, comiendo agraz, hay peligro de excitar el deseo de comer racimos y de provocar la afición a beber mosto o vino. Ahora bien, no digo yo que no podamos usar de estas cosas peligrosas; advierto, empero, que nunca podemos aficionarnos a ellas sin que se resienta la devoción. Los ciervos, cuando conocen que están demasiado gruesos, huyen y se retiran a sus escondrijos, pues saben que su grasa les pesa tanto, que les impediría correr, si se viesen atacados: el corazón del hombre cargado de estos afectos inútiles, superfluos y peligrosos, no puede, ciertamente correr con prontitud, ligereza y facilidad hacia su Dios, que es el verdadero término de la devoción. Los niños corren y se cansan detrás de las mariposas; a nadie parece mal, porque son niños. Pero, ¿no es cosa ridícula y muy lamentable ver cómo hombres hechos se aficionan e impacientan por bagatelas tan indignas, como lo son las cosas que acabo de enumerar, las cuales, además de ser inútiles, nos ponen en peligro de desarreglarnos y desordenarnos, cuando vamos en pos de ellas? Por esta razón, amada Filotea, te digo que es menester purificarse de estas aficiones, y, aunque los actos no sean siempre contrarios a la devoción, las aficiones, empero, le son siempre nocivas.

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