Parte 2 · Capítulo 2
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
BREVE MÉTODO PARA MEDITAR, Y PRIMERAMENTE DE LA PRESENCIA DE DIOS, PRIMER PUNTO DE LA PREPARACIÓN
Tramo 2 de 4
El primero consiste en formarse una idea viva y completa de la presencia de Dios, es decir, pensar que Dios está en todas partes, y que no hay lugar ni cosa en este mundo donde no esté con su real presencia; de manera que, así como los pájaros, por dondequiera que vuelan, siempre encuentran aire, así también nosotros, dondequiera que estemos o vayamos, siempre encontramos a Dios. Todos conocemos esta verdad, pero no todos la consideramos con atención. Los ciegos, que no ven al rey, cuando está delante de ellos no dejan de tomar una actitud respetuosa si alguien les advierte su presencia; pero, a pesar de ello, es cierto que, no viéndole, fácilmente se olvidan de que está presente y aflojan en el respeto y reverencia. ¡Ay, FiIotea! Nosotros no vemos a Dios presente, y, aunque la fe nos lo dice, no viéndole con los ojos, nos olvidamos con frecuencia de Él y nos portamos como si estuviese muy lejos de nosotros; pues, aunque sabemos que está presente en todas las cosas, como quiera que no pensamos en Él, equivale a no saberlo. Por esta causa, es menester que, antes de la oración, procuremos que en nuestra alma se actúe, reflexionando y considerando esta presencia de Dios. Este fue el pensamiento de David, cuando exclamó: «Si subo al cielo, ¡oh Dios mío!, allí estás Tú; si desciendo a los infiernos, allí te encuentro»; y, en este sentido, hemos de tomar las palabras de Jacob, el cual, al ver la sagrada escalera, dijo: «¡Oh!
¡Qué terrible es este lugar! Verdaderamente, Dios está aquí y yo no lo sabía». Al querer, pues, hacer oración, has de decir de todo corazón a tu corazón: « ¡Oh corazón mío, oh corazón mío! Realmente, Dios está aquí».
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.