Parte 2 · Capítulo 9
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LAS SEQUEDADES QUE NOS VIENEN EN LA MEDITACIÓN
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Filotea, si te acontece que no encuentras gusto ni consuelo en la meditación, te conjuro que no te turbes, sino que, antes bien, abras la puerta a las oraciones vocales: quéjate de ti misma a Nuestro Señor; confiesa tu indignidad, pídele que te ayude, besa su imagen, si la tienes en la mano, dile estas palabras de Jacob: «No, Señor, no te dejaré, si antes no me das tu bendición»; o las de la Cananea: «Sí, Señor, soy un perro.. pero los perros comen las migajas de la mesa de sus dueños». Otra vez, toma un libro en la mano y léelo con atención, hasta que tu espíritu se despierte y vuelva en sí: estimula, alguna vez tu corazón mediante alguna actitud o movimiento de devoción exterior, como postrarte en tierra, juntar las manos sobre el pecho, abrazar el crucifijo: todo ello si estás en algún lugar a solas.
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