Parte 2 · Capítulo 12
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
EL RETIRO ESPIRITUAL
Tramo 2 de 3
Acuérdate, pues, Filotea, de hacer siempre muchos retiros en la soledad de tu corazón, mientras corporalmente te encuentras en medio de las conversaciones y quehaceres, y esta soledad mental no puede ser, en manera alguna, impedida por la multitud de los que nos rodean, porque ellos no están alrededor de tu corazón, sino alrededor de tu cuerpo, de tal manera que tu corazón permanece solo en la presencia de Dios. Es el ejercicio que practicaba David, en medio de sus muchas ocupaciones, según lo afirma en muchos pasajes de sus salmos, como cuando dice: « i Oh Señor!, yo siempre estoy contigo. Veo siempre a mi Dios delante de mí. Levanto mis ojos a Tí, ¡ oh Dios mío!, que habitas en los cielos. Mis ojos siempre están puestos en Dios». Además, las conversaciones no son ordinariamente tan importantes, que no sea posible, de cuando en cuando, apartar de ellas el corazón, para ponerlo en esta divina soledad.
A Santa Catalina de Sena, a quien su padre y su madre habían privado de toda comodidad y ocasión para poder orar y meditar, inspirándole Nuestro Señor que hiciese un pequeño oratorio en su espíritu, al cual pudiese retirarse mentalmente, para entregarse a esta santa soledad espiritual, en medio de las ocupaciones exteriores. Y, desde entonces, cuando el mundo la acometía, no recibía de ello ninguna molestia, porque, como ella misma decía, se encerraba en su celda interior, donde se consolaba con su celestial esposo.
Así, aconsejaba a sus hijos espirituales que edificasen una celda en su corazón y que se retirasen a ella.
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