Santos Apóstoles · Kindle

Parte 2 · Capítulo 13

Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales

DE LAS ASPIRACIONES, ORACIONES, JACULATORIAS Y BUENOS PENSAMIENTOS

Tramo 5 de 6

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Este gran personaje de nuestros tiempos, Francisco de Borja, cuando todavía era duque de Gandía e iba de caza, se entretenía en mil devotos pensamientos: «Me maravillaba -decía después él mismo-, de cómo los halcones vuelven a la mano, se dejan tapar los ojos y atar a la percha, y los hombres son tan rebeldes a la voz de Dios».

El gran San Basilio dice que la rosa entre las espinas sugiere esta reflexión a los hombres:

«Lo más agradable de este mundo, ¡oh mortales!, anda mezclado de tristeza; nada hay que sea enteramente puro: el dolor siempre acompaña a la alegría, la viudez al matrimonio, el trabajo a la fertilidad, la ignominia a la gloria, la injuria a los honores, el tedio a las delicias y la enfermedad a la salud. La rosa-dice este personaje-, es una flor, pero me causa una gran tristeza, porque me recuerda el pecado, por el cual la tierra ha sido condenada a producir espinas».

Una alma devota, al ver un riachuelo y al contemplar en él el cielo reflejado con sus estrellas, en una noche serena, decía: « ¡ Oh, Dios mío!, estas mismas estrellas estarán bajo tus pies, cuando me hayas recibido en tus santos tabernáculos; y, así como las estrellas se reflejaban en la tierra, así también los hombres de la tierra están reflejados en el cielo, en la fuente viva de la caridad divina».

Otro, al ver la corriente de un río, exclamaba: «Mi alma jamás tendrá reposo hasta que se haya abismado en el mar de la Divinidad, que es su origen». Y San Francisco, mientras contemplaba un hermoso riachuelo, en cuya orilla se había arrodillado, para orar, fue arrebatado en éxtasis y repetía muchas veces estas palabras: «La gracia de mi Dios se desliza dulce y suavemente como este pequeño riachuelo».

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