Parte 2 · Capítulo 19
Introducción a la vida devota · San Francisco de Sales
DE LA SANTA CONFESIÓN
Tramo 5 de 6
No dejes de decir nada de lo que sea conveniente para dar a conocer la calidad de la ofensa, como el motivo por el cual te has puesto airada o por el cual has permitido que alguna persona perseverase en su vicio. Por ejemplo, un hombre que me es antipático me dice en broma, alguna ligereza; yo lo llevo a mal y me pongo airada; en cambio, si otro, con quien simpatizo, me dice algo peor, lo recibiré bien. No me olvidaré, pues, de decir: he pronunciado algunas palabras airadas contra una persona, porque me ha enojado por una cosa que me ha dicho, mas no por la clase de palabras, sino porque me es antipática. Y, si es necesario particularizar las frases que hubieses dicho, para explicarte mejor, harás bien en decirlas, porque, acusándote ingenuamente, no sólo descubres los pecados cometidos, sino también las malas inclinaciones, las costumbres, los hábitos y las demás raíces del pecado, con lo que el padre espiritual adquiere un conocimiento más perfecto del corazón que trata y de los remedios que necesita. Conviene, empero, en cuanto sea posible, no descubrir la persona que haya cooperado a tu pecado.
Vigila sobre una infinidad de pecados que, con mucha frecuencia, viven y se enseñorean insensiblemente de la conciencia, porque así los confesarás mejor y te purificarás de ellos; con este objeto, lee atentamente los capítulos vi, xxvII, XXVIII, XXIX, XXXV y XXXVI de la tercera parte y el capítulo vIII de la cuarta parte.
Último tramo abierto guardado si su navegador acepta cookies. También puede guardar esta página en favoritos.